Fecha: 18 de junio de 2026
Código de Registro: REFL-001
El reloj acaba de dar las 22 horas. Para no perder la costumbre, mi tenaz compañera de fatigas irrumpe en la habitación sin previo aviso. Conocida por todos como la soledad, regresa para recordarme la ausencia que acompaña a esta dedicación mía. Es un trabajo carente de toda compañía, condenado a un recorrido estrictamente individual, en el que el día transcurre rápido y en completo silencio.
Pero lo peor es que la soledad nunca llega sola. Viene rodeada de pensamientos empeñados en echar por tierra cualquier supuesto logro alcanzado a lo largo de esta investigación. Una multitud de cavilaciones que asedian sin descanso, tienden zancadillas y siembran desconsuelo, hasta el punto de llevar al límite la resistencia para no desmoralizarse.
Son ya muchos los años que llevo embarcado en este asunto. Centrado en un objetivo tan fascinante como es la enigmática figura del Alma. De dónde viene, qué es y, sobre todo, por qué a veces se hace visible, son cuestiones para las que costó encontrar alguna respuesta. Sin embargo, incluso antes de alcanzar esa vaga explicación, nunca pude imaginar lo difícil que resultaría compartirla con los demás sin provocar risas o recibir comentarios jocosos dirigidos a mi persona y a mi estado mental.
Seguir adelante con una investigación de este tipo, al tiempo que por fin me decido a escribir un libro que recoja todas sus vicisitudes, se hace duro. Resulta inevitable emocionarse al recordar los comienzos: aquellos años en los que cualquier intento de contactar con la entidad inmaterial que todos llevamos dentro se consideraba, cuanto menos, un acto de brujería.
Además, hay una pregunta que me quita el sueño: ¿no habré perdido mucho tiempo? ¿No estaré llegando ya tarde? Las grabaciones de audio, fotografías y vídeos de los que dispongo, obtenidos a partir de las experiencias realizadas durante todos estos años, quizá habrían tenido más oportunidad de convencer en el pasado que ahora.
Estoy seguro de que, si hoy mostrara alguno de estos archivos, la respuesta más inmediata —y contra la que tendría que luchar— sería que la imagen o el audio presentados son obra de la inteligencia artificial.
Al menos, la investigación también ha servido para tapar la boca a más de uno de aquellos que en su día se rieron de mí, o que todavía hoy lo hacen al conocer el objetivo de mi trabajo. En los archivos recogidos no solo hay parámetros de estudio o datos relacionados con la entidad que busco: hay información detallada y verificable al cien por cien sobre personas y hechos que se manifiestan a través de las Almas. Detalles que resistirían cualquier examen.
En fin, frente a las bromas pesadas, los insultos y la cada día más alargada sombra de la tecnología, tengo la suerte de que todavía me queda la firmeza inquebrantable de la verdad. Ahora, son ya las 23 horas y aún quedan tareas por terminar antes de dar por concluido el día.
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