Fecha: 28 de julio de 2026
Código de Registro: REFL-003
Tras lo acontecido en la última experiencia, solo cabe hacerme preguntas: ¿la presencia que apareció reflejada en el espejo, esa figura con mi mismo aspecto, podría ser mi propia Alma? Entonces, ¿puede un Alma reproducir de manera tan fiel los rasgos físicos del cuerpo que habita cuando se vuelve visible? Todavía no puedo afirmar que dicha figura se tratase de ella, desde luego que no. Pero si no lo era, ¿de qué o de quién se trataba?
Escucho una y otra vez la grabación y ningún sonido quedó registrado en ella durante el tiempo que me mantuve en el Punto Cero. Sin embargo, en los segundos finales, el espectrograma muestra una alteración importante: una perturbación similar a la que provoca mi voz al hablar en un tono normal y tranquilo en el curso de una grabación de prueba. Antes de comenzar, como siempre hago, dispuse el cuarto para evitar la aparición de ruidos. ¿Qué fue lo que provocó esta muda perturbación registrada por el programa Audacity? Como dije al principio, las preguntas sin respuesta se suceden a medida que estudio esta experiencia.
Tampoco puedo dejar sin valorar la repentina irrupción del frío en el cuarto. Recuerdo bien esa sensación que, entrando por mis pies, recorrió todo mi cuerpo hasta hacerme tiritar en un par de ocasiones. Siempre he defendido la idea de que la presencia de un denominado Espíritu comienza por la percepción de una corriente gélida que invade el entorno de manera súbita. No me atrevería a calificar con la palabra gélido el desplome de temperatura que sentí en el transcurso de la experiencia. Y no lo hago porque, aunque sí me hizo estremecer, llegué a acostumbrarme a él y no supuso ningún obstáculo para el desarrollo de la experiencia.
¿Y qué decir del velo que cubría todo el cuarto? Quizá ese manto, de un blanco radiante a más no poder, fue el resultado que proyectó mi conciencia al entrar en ese estado de trance. Una forma de representar lo que estaba ocurriendo, si es que esta realmente se encontraba, o parecía encontrarse, fuera del cuerpo biológico.
¿Puede ser que el hecho de verme desde fuera, sentado en la silla, con los ojos cerrados y en plena meditación, fuese consecuencia de un desdoblamiento de la percepción? Sin duda, de haberse producido algo así, el esfuerzo de la mente para sostener esa doble percepción espacio-temporal tuvo que ser considerable y difícil de mantener. ¿Es posible que en ese momento, y con el fin de no perder el estado de Punto Cero debido a semejante esfuerzo, mi Alma tomara las riendas del cuerpo y de la mente y aprovechara la ocasión para dejarse ver? Si analizo el comportamiento de esa figura que observé y cuyo aspecto físico era idéntico al mío, creo reconocerme también en él. Hay mucho parecido entre cómo actuó y cómo creo que lo hubiera hecho yo en una situación así.
En mi opinión, la vivencia fue simplemente maravillosa, aunque dejó tras de sí muchas preguntas y ninguna respuesta que aportar a esta investigación. Cada una de estas experiencias ha presentado un escenario distinto y ha incluido unos personajes, cada cual más sorprendente. Nuestro objetivo es llegar a conocer todo cuanto podamos de esa enigmática materia denominada Alma, que estoy seguro de que habita dentro de cada uno de nosotros. Visto lo visto ya, el camino promete ser largo y la obtención de evidencias costosa, pues tratamos con una realidad tan sutil que quizá exija un cambio radical en nuestra manera de vernos y entendernos.