LA REINA DEL VUDÚ

Dejando descansar esta semana la narración de un nuevo caso de Fantasmas, quisiera presentarles a otra de esas Entidades a la cual recurro cuando estoy inmerso en algún trabajo de campo y la cosa se pone fea. Si bien el primero de estos Espíritus que les presenté fue Celestina de Abdégano, conocida como el Ánima Sola, hoy es el turno de otra mujer. Una mujer nacida en Nueva Orleans, Luisiana, el 10 de septiembre de 1794. Les hablo de Marie Catherine Laveau, considerada por muchos como la reina del vudú.

Hija de un acaudalado hombre criollo de negocios y de una esclava liberada de ascendencia africana, Marie no tardó en convertirse en una hermosa mujer de largos cabellos negros, piel morena y portadora de una mirada especial. “Sus ojos te leían el Alma”, afirmaban aquellos que la conocían. Ya desde muy joven, le gustaba recogerse la melena y cubrirla luego con un pañuelo de tela con colores brillantes. Una seña de identidad con la que lo mismo acicalaba peinados en su humilde peluquería, como después, pasado un tiempo, repartía consejos y resolvía embrollos a quienes precisaban de “ayudas” fuera de los cauces ordinarios.

Con su nombre corriendo de boca en boca, sus prácticas del vudú no tardaron en llegar a oídos de la alta sociedad de Nueva Orleans. En unos años donde la diferencia entre las clases sociales era muy marcada, ella fue capaz de reunir bajo el mismo techo a personas de cualquier estatus.

Conocedora de cientos de pócimas buenas y malas, Marie Laveau se convirtió en la mujer más respetada y temida de toda Luisiana. Sus rituales públicos, organizados en dos plazas de Nueva Orleans y en el propio patio trasero de su casa, resultaban cuando menos impresionantes. Acompañada de su fiel mascota Zombie, una enorme serpiente enrollada a su cuello, no dudaba en invocar, ante los cientos de personas reunidas en cada una de esas ceremonias, a una deidad del vudú que durante el espectáculo poseía el cuerpo de la serpiente.

Fiel a los principios del vudú, defendió a capa y espada la idea de que todo Espíritu puede convivir aquí, con nosotros los vivos, cuando así lo estime oportuno. El Espíritu, al igual que la persona, podrá crear sin más una comunicación directa y recíproca entre ellos. Algo que tanto entonces como ahora retorcía y retuerce las tripas de quienes pretenden convertir el precioso y DESCONOCIDO mundo de las Ánimas en un monopolio personal con ánimo de lucro.

Marie Catherine Laveau falleció en Nueva Orleans el 15 de junio de 1881, a los 86 años de edad. Sus restos descansan en el cementerio de San Luis, ubicado en la misma ciudad. En la actualidad, sigue siendo un lugar de obligada visita para los muchos seguidores y todavía practicantes de esta religión. Desde esta funesta fecha, varias leyendas comienzan a escucharse en torno a la misteriosa figura de esta mujer:

Una de ellas y la más interesante para mí, asegura que Marie Laveau verdaderamente muere en mayo del año 1835, cuando apenas contaba 41 años. Se dice que ella misma se hechizó con una “buena obra”, como así denominaba a sus propios trabajos de vudú, capaz de convertir al Alma en la parte regente del cuerpo. El Alma pasa a ordenar, sentir y padecer, en tanto la mente cae en un profundo y eterno sueño. Con este hechizo ella quedó inmune a cualquier dolor, necesidad y obligación de la vida mundana. En las páginas de la que quizás sea la bibliografía más acertada y fiable de su vida, se detalla un cambio abismal de personalidad en ella durante ese mismo año:

“Del mundo tan solo le importaba la gente. La gente viva y la gente difunta, ambos moradores de este mundo, uno como residente temporal y otro a modo de un simple y oportuno visitador”. —Redactó el autor.

En resumen, el escritor de esta bibliografía expresa su asombro ante el extraordinario cambio de forma de ser de la protagonista de su libro. De buenas a primeras, Marie Laveau dejó atrás el carácter seco, duro y hasta despreciativo del cual hizo gala en múltiples ocasiones, para pasar a comportarse de un modo mucho más espiritual, amable y caritativo a partir de ese mes de mayo de 1835. ¿Sería capaz durante 46 años de mantenerse entre nosotros siendo ya solo un Espíritu? 

Se dice que el Espíritu de Marie Laveau concede cualquier deseo pronunciado en voz alta una vez se hayan escrito sobre la lápida de su tumba tres “X” consecutivas. Algo que ha dado lugar a muchos actos de vandalismo contra la que hoy por hoy es una de las diez sepulturas más visitadas del mundo.

El propio periódico The Daily Picayune en su edición del 17 de junio de 1881, conocedor ya del fallecimiento, publicó la siguiente necrológica:

“Aquellos que alguna vez pasaron por la pintoresca y antigua casa en St. Ann, entre las calles Rampart y Borgoña, con su alta valla de aspecto frágil frente a la cual se ve un árbol o dos, han notado a través de la puerta abierta en los últimos años a una anciana decrépita con el pelo blanco como la nieve y una sonrisa de paz y satisfacción iluminando sus rasgos dorados… (Continúa)”

De este modo, con el aspecto de una anciana, se presenta en Espíritu Marie Catherine Laveau. Se manifiesta con la misma apariencia a TODOS aquellos que por algún motivo la hagan regresar de entre los muertos. Hay que invocarla en voz alta y, mientras se solicita su presencia, se dibuja sobre el suelo su vevé (*) característico, enmarcándolo al final con la forma de una serpiente. Se realiza de memoria, sin verlo antes y de un solo trazo. El dibujo no se puede detener, no se puede levantar el dedo ni un instante del suelo.

Cuando hayas acabado el vevé, prepárate a ver una sombra. Dispónte a escuchar un susurro lejano y no te asustes, es un Kantik o rezo cantado. Prepárate a sentir cómo llega la reina del vudú y cómo se acerca a ti. Percibe su fragancia, ese aroma mezcla de alcohol, naranjas, neroli, flores y clavo. Predisponte a soportar un calor infernal y a escuchar gritos y ruidos de tambores, por muy alocado que a priori resulte.

Siempre se aparece a la derecha de ti, siempre tras sentir el horrible dolor de su mano sobre tu hombro y siempre tranquila, muy tranquila. Asusta, estremece y de pronto entiendes el porqué de aquello de la reina del vudú. Entonces, es mejor apartarse, dejarla hacer, pues trabaja al tiempo que su canto pone a temblar las paredes y su radiante vestido roza el suelo cada vez más deprisa. La observarás bailar entre la nube de polvo. La verás gesticular con las manos. Alzar los brazos moviendo su cabeza con gestos violentos y contorsionando su figura con posturas imposibles, mientras los gritos y el ruido de tambores se vuelven insoportables. Durante esos momentos, la sientes feliz, la notas disfrutar, percibes cómo te cautiva lentamente, en tanto ella se deleita atendiendo y solucionando cada caso, cada problema o la cuestión por la cual la llamaste.

Nunca falla, sino todo lo contrario. Tampoco deja ver el menor indicio de maldad y no deja de enseñar cosas inimaginables y absolutamente positivas. Con ella se aprende que, en ese otro lado, en ese lado que empieza en el mismo punto donde acaba la vida, existen soluciones para todo. Remedios para cualquier problema, aunque exijan buscarlas y, en efecto, no se obtengan por los cauces ordinarios. Trabajando con ella, descubres que no hay nadie mejor que Marie Laveau para atender un caso donde una maldición, un conjuro o un hechizo haya condenado a una persona a esperar su definitivo final postrado en su lecho de muerte.

(*) Vevé: Es un dibujo realizado por el sacerdote o sacerdotisa, el hugan o la mambo del culto del vudú, que representa el símbolo de la deidad a quien se invoca.


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