Bienvenidos:
Mi nombre es Antonio. Soy alguien con más de medio siglo ya vivido y que, por esos extraños caprichos de la vida, acabó dedicándose a ese mundo tan fascinante como enigmático que es el de las Ánimas.
Alguien que nada tiene de médium y a quien, incluso, le incomoda profundamente que se lo llamen. Alguien desprovisto de cualquier tipo de don y cuyo único propósito es el de seguir aprendiendo y desvelando, día tras día, caso por caso, todo cuanto acontece cuando la muerte irrumpe y las Almas abandonan los cuerpos.
Unas Almas que no exigen poseer ninguna facultad extrahumana, tanto para ser vistas como para comunicarse con ellas. Unas Almas que parecen decididas a involucrarse en nuestros problemas, en los problemas de todos sin distinción, ofreciéndose como una herramienta que advierte de peligros, revela injusticias y sugiere soluciones.
En los últimos tiempos, su intención ha cambiado. Las Ánimas no se dejan ver, ya no contactan con nosotros con el único fin de resolver los problemas que dejaron en esta vida antes de marcharse. Ahora somos nosotros el centro de su atención. Están más presentes que nunca, y las ayudas se suceden de manera constante.
Tengo la fortuna de ejercer una profesión extraordinaria, en la que cada caso enseña algo nuevo y siempre te sorprende. El miedo te acompaña desde el minuto cero y los sustos se suceden; también es cierto, se pasa mal. Sin embargo, no somos héroes: estoy seguro de que algo o alguien nos ayuda, porque llega un día en el cual te das cuenta de que el miedo está ahí, tan presente como siempre, pero ahora dejándote pensar y actuar. Ese algo o alguien lo bloquea, impidiendo que el pánico se adueñe de nosotros, aunque la falta de sensibilidad, la dureza y hasta la crueldad con la que los Espíritus se expresan te devuelva a casa marcado y con más preguntas de las que tenías al comenzar.
Les invito a participar de este mundo, sin otra pretensión que la de mostrarles que, en ocasiones, no nos vamos del todo. Que permanecemos aquí, invisibles para los demás, o bien regresamos con una finalidad concreta.
No pretendo acumular seguidores, “likes” ni historias de esas; pueden estar muy seguros de ello. Vivo de esto, de este mundo y de ellas, las Almas. No quiero meterme en esos jaleos; pues yo disfruto escribiendo, contando mis vivencias para quien le guste leerlas y punto. Quiero seguir aprendiendo, encontrándome con ellas, sintiendo su frío, su impresionante presencia, el amor incondicional que nos profesan y sus duras regañinas.
En mis relatos descubrirán la enorme diferencia que existe entre el Fantasma que se nos pinta en el cine o en las novelas de terror y el Espíritu que, normalmente, regresa a la vida. Verán lo poco que sabemos acerca de ellos, pues a día de hoy, en mi opinión, quien afirme entender por completo todo este mundo, simplemente, miente.
Yo soy alguien que les tengo tanto que agradecer, que durante mis escritos me tomaré el lujo de escribir siempre en mayúsculas las palabras Espíritu, Ánimas, Fantasmas y otras semejantes, aun sabiendo que es un claro error ortográfico.
Ahora, si les parece, adentrémonos en ese mundo.
Muchas gracias,
Antonio Pérez.