Once horas del 24 de mayo de 1924. Marujita, María y Angelita, tres niñas de entre 6 y 10 años y vecinas de la calle de Hilarión Eslava, se encaminan a cumplir un encargo de su profesora. Nunca más se supo de ellas, jamás volvieron a casa.
Cuatro años después, concretamente el 17 de febrero de 1928, la aparición de tres cráneos junto a otros huesos humanos, restos de ropa, algunas monedas y parte de una cesta de mimbre son desenterrados en un terraplén situado en la calle de Cea Bermúdez, esquina con Hilarión Eslava. Pese a que las propias madres de las niñas no pudiesen asegurar que los restos de ropa y demás pertenecieran a sus hijas, el caso se dio por resuelto. La policía, los medios de comunicación y los políticos de entonces, ávidos por cerrar el caso cuanto antes, achacaron la desaparición de las niñas a un desprendimiento de tierras cuando estas jugaban en dicho terraplén. No hubo más explicación, ni más investigaciones.
Sin embargo, el 24 de mayo de 2024, justamente cien años después del día de su desaparición, Marujita, María y Angelita, ¡regresaron! Aquella noche, hace hoy diez días, varios testigos pudimos contemplar absortos cómo sus Almas de chiquillas volvían a dejarse ver de nuevo por esa misma calle en la cual desaparecieron hace hoy cien años. Vestidas exactamente igual a como se detalla en la instrucción llevada a cabo a partir de aquel 24 de mayo, las tres muchachas se acercaron correteando hasta nosotros y, tras un gesto indicando que las siguiéramos, se esfumaron de repente. Nada quedó de ellas.
¿Por qué ahora? ¿Acompañarlas adónde? ¿Qué motivo tiene esta aparición cien años después? No sé, pero últimamente, los casos de apariciones positivos surgen con más asiduidad, el trabajo se amontona y, tristemente, el tiempo para atenderlos es el que es. ¿Qué ocurre? ¿Qué ha cambiado o hacia dónde nos encaminamos para que, de pronto, tengamos en la agenda tantos casos positivos de Espíritus por atender? Siempre han existido o se ha hablado de este tipo de apariciones, pero ni de lejos hubo tal cantidad de ellas como se dan actualmente. Es rara la semana en la cual no me comentan el “encuentro” de una persona de cualquier índole con el Alma de un conocido, de un familiar o de un amigo con quien llegó a convivir en un pasado más o menos reciente. Y ya no solo se trata de ese inaudito “encuentro”, sino que esas Almas además regresan, dejándose ver perfectamente y esperando que se interactúe con ellos.
¿Tratan de avisarnos de algo? ¿Ha llegado la hora de que aquellos que un día, por un motivo u otro, desaparecieron sin dejar rastro regresen para contarnos qué fue de ellos? Por mi parte, es el quinto caso de desaparecidos con el cual me encuentro en menos de año y medio, algo totalmente insólito hasta ahora. ¿Estará mermando la ya delgada línea que separa vivos de muertos?
Solo el tiempo tiene las respuestas; mientras tanto, continuaremos haciendo lo que podamos, con lo poco que sabemos y, Dios dirá…